Hace ya una semana que los voluntarios de COPADE aterrizamos en Honduras. Los últimos días han sido una locura, empezando por habituarnos al sofocante calor de la ciudad de San Pedro Sula, pasando por las picaduras de los mosquitos, los horarios y las costumbres tan diferentes, hasta llegar al meollo de nuestro viaje: conocer de primera mano los proyectos que COPADE desarrolla en este país, desde hace ya 10 años.
Nuestro primer destino fue el municipio porteño de Omoa, donde nos reunimos con un grupo de 26 señoras que pertenecen a la Asociación de Mujeres Bordadoras de Omoa (AMBO). Ante la falta de empleo en esta zona de Honduras, decidieron impulsar este negocio, con un deseo y un sueño cumplido: exportar sus bordados al extranjero. Nuestra compañera de viaje, Eva Gallego que es psicóloga social, está pasando varios días en la comunidad con ellas, realizando diversas actividades para fortalecer la organización.
Y de Omoa a Copán, para conocer el trabajo de otros grupos de mujeres artesanas, ya que muy probablemente COPADE empiece a trabajar con ellas en los próximos meses. Sorprende el entusiasmo y el interés de estas mujeres que hacen viajes a caballo de más de tres horas por caminos imposibles, para poder reunirse con nosotros. El Comercio Justo supone para todas estas asociaciones una salida económica alternativa, que ayuda a mejorar sus condiciones de vida.
Además, Cristina Ruiz y Martín Ávalos ya han empezado a colaborar con la Asociación Paso a Paso, dedicando la mayor parte de su día a trabajar con niños en riesgo de exclusión social y que sufren diferentes discapacidades.