En los últimos años Honduras ha visto cómo una de las técnicas tradicionales de cerámica ha dado un salto de categoría: de tener un carácter funcional, a ser objeto de decoración y diseño, con una fuerte presencia en tiendas de recuerdos, hoteles y centros de artesanía. Hablamos de la Cerámica Lenca.

Lenca es un grupo étnico mesoamericano que ocupó parte del territorio de Honduras y El Salvador desde tiempos precolombinos. Se estima que existen alrededor de 100 mil lencas diseminados en los departamentos de Intibucá, Lempira, La Paz y Valle, y aunque su lengua desapareció y hoy hablan español, conservan algunos rasgos de sus costumbres y su cultura.

La alfarería Lenca de Honduras, caracterizada por sus dibujos geométricos y su espectacular contraste en blanco y negro, se ha popularizado en los últimos años en Estados Unidos y Europa, utilizándose tanto para decoración doméstica como para la venta en tiendas de muchos países occidentales. Esto supone una oportunidad de desarrollo y de salvaguarda de la cultura y tradición del pueblo lenca.

En las aldeas como La Arada, las alfareras lencas, o loceras, se enlodan con el barro como lo hacían sus antepasados, creando hermosos cántaros, tinajas, vasijas, jarros, búcaros, incensarios, ollas, tamaleras… Todo de forma absolutamente artesanal, sin utilizar tornos de ayuda. Levantan los jarrones con sus dedos, jugando con el barro de una forma mágica.

Pudimos pasar unos días con las mujeres de Magú, durmiendo en casa de Doña Santos, jugando por la noche con sus nietos y conociendo como trabajan, y como viven estas artesanas únicas. Una vez que la confianza se instaló, nos animaron a crear una pieza con nuestras propias manos, y así pudimos darnos cuenta de su enorme talento, y de la ilusión que tienen por salir adelante y dar a conocer sus productos.

Nuestra compañera y psicóloga social, Eva Gallego, realizó con ellas una serie de reuniones para identificar los problemas internos del grupo, y sus fortalezas para consolidar su organización y poder acceder a mayores pedidos, y a su posterior producción y venta.

Estas tenaces mujeres, además de ocuparse de los quehaceres domésticos, de las faenas agrícolas y de la cría de animales pequeños, trabajan las vasijas generalmente en su propia vivienda, con el apoyo del resto de la familia, que se encarga de extraer la arcilla, obtener leña y agua, del transporte y de la posterior venta de las piezas en mercados, ferias y pueblos cercanos.

Fue increíble conocerlas!